Cloroformo deformo, con morbo al amorfo, del golfo al polvo, formo, como volvo corro, coso, me embobo, oigo el coro, robo y odio lo obvio.
Pluma
Una lágrima llena de ojos 2
El pacto
de una coma, de un instante.
No se daba cuenta de su insistencia,
de su reiterada presencia, de su inagotable sendero;
inconsecuente y frívolo; repetitivo y tímido.
Otra vez el punto, la coma y el instante.
Lunes y punto; martes y coma; lunes y martes, instante.
Y tecleaba y marchaba y bailaba;
reía inocentemente mientras veía la sangre aflorar,
aflorar de sus venas ya vacías de tanto llorar.
Niños y niñas juguemos a la rueda rueda de pan y canela,
todo está bien, al santo encendida la vela.
Tócame esa cumbia y ese vallenato.
El punto intacto; el firmamento ha sellado un trato;
un compromiso inalterable.
Personalmente no sé con quien,
no quiero saberlo, me tapo los oídos,
mano al pecho y “mano fuerte y corazón grande”
y... y...
“Oh gloria inmarcesible, Oh júbilo inmortal”
El teléfono
Me ofreció un cigarrillo, lo acepté; debo admitir que era lindo: dientes blancos, cabello negro y desordenado, ojos grises. No aguanté las ganas y le ofrecí un cigarrillo, no sabía si fumaba, pero aun así le extendí la cajetilla de Derby. Ella aceptó; decir que era linda es redundar, era perfecta: dientes un poco amarillentos, cabello claro y desordenado, flaca, mal vestida, usaba una pañoleta roja. Me habló con una voz un tanto tímida, no sé por qué se me vino a la mente la llamada muda que había recibido aquella mañana. Vacilando me preguntó el nombre, decidida le respondí: Alejandra. Se notaba a leguas que quería llevarme a la cama, apenas lo conocía pero me producía una confianza muy fuerte, si me lo hubiera propuesto, ni siquiera habría tenido problema en llevarlo a mi apartamento. Zumbaban los carros y sus luces brillaban incendiariamente en la oscuridad de la noche. Una que otra ambulancia pasaba y los indigentes se mezclaban perfectamente entre la muchedumbre que ya empezaba a oler a alcohol. Alejandra y Damián caminaban, sus miradas se entrecruzaban inseguras, ellos no sabían que había algo cósmico que los unía, un secreto mínimo o un mínimo instante que había procurado su encuentro casual. No sé si fue la noche o el hecho de que Damian realmente me gustara lo que me hizo besarlo, pero de ese momento en adelante, todo fue Rayuela, todo fue un bello Delirio. Y pensar que esta mañana me encontraba en la soledad más pasmosa, pensar que estaba desesperado, completamente cegado por la desesperanza.
Quiero que sigamos hablando—le dije. Yo tenía la respiración realmente agitada. Llámame—respondió. Sacó un papel, escribió algo y me lo entregó; cuando vi su número casi muero de la sorpresa, quise contarle todo, pero ella ya se había marchado. Seguramente le gustaba ver como chocaban las gotas de lluvia contra la ventana. Él tenía la respiración agitada, realmente agitada.
Sin título 2
Ahora, después de mucho,
Entendí que debo conformarme
Con la desnudez de tu rostro
Y no de tu carne,
Con tocarte en sueños,
Con visitarte sonámbulo sin que te des cuenta.
Aura, después de mucho,
Entendí que te perdí el día en que nos conocimos,
Entendí que sólo cuando duermo tocas Wagner para mí,
Y que la luna está opaca
Y que los poemas siempre hablan de la luna
Y que cuando se escribe se hace con tinta o con sangre o con lágrimas
O incluso con semen,
Pero siempre se hace sobre el papel,
Jamás nunca sobre ti, sobre tu alma, sobre tus ojos,
O incluso sobre tu sexo.
Enfer
Acabo de regresar del infierno. No fue mi primera vez en las inmediaciones de Set pues ya he ido varias veces aunque la gente no suela creerme. Ya no recuerdo bien como empezó todo y por ello este texto pierde su posible carácter esclarecedor, para convertirse en una simple cuestión publicitaria. Hoy no gusta el infierno, tanta satanización que hace la gente hiere profundamente su ingreso turístico, y lo más extraño es que gracias a ello todas las personas poseen la misma imagen de la casa de Set: un sitio ardiente, espeluznante, donde reinan las tinieblas, lleno de maldad, de castigo. Y con esta descripción tan bíblica ¿Quién gustaría acudir al infierno vacacionalmente? Pues a pesar de ello hay a quienes nos agrada la idea de gozar un buen rato en el averno, así suene extraño a veces es pertinente escapar de tanta bondad, de tanta cuadrícula, para romper así con aquellos aspectos que pesan tanto en nuestras espaldas y que solamente podemos dejar escapar cada dos años mientras el diablo pregona sus hermosas hazañas en verso. Jamás he podido asistir a una de estas concurrencias infernales, siempre he ido al enfer en tiempo de calma, (¿calma? ¿Puede haber calma allí?) pero que calma más bella y más tempestuosa, ¡Qué calma más musical, qué calma más literaria! Pasé todo el día en el enfer, completamente absorto en su magia, en su vitalidad, en su mestizaje. Estaba también completamente lleno de cansancio, me dormí. Al despertar (¿O al soñar?) sentí una extraña sensación de encontrarme en los “Sueños de Natanael” o en “La noche boca arriba”, me encontraba algo ebrio, con tufo a guarapo y en la biblioteca Otto Morales Benítez.
Vanidad
es porque su alma ha menguado;
cuando a los ratones no hallan,
es porque ellos han triunfado.
Y así, con todos los seres
que su fin han observado,
porque cada quien posee sus enseres,
y alguna vez, su onomatopeya ha elevado.
Pero, ¿Por qué tener un fin exacto?
¿Quién dice, si es cemento o si es vado?
¿Fue el diablo quien hizo el pacto?
¿O fue dios el que lanzó ese dado?
Algún león calló y quedó feliz con su acto,
Y el ratón brincon, de alegría embarasado.
!Qué relativo el fin que deja jacto,
que horrible perseguir un ideal prestado¡
Klodé Bass era su nombre
Klodé Bass era su nombre. Vivía en un apartamento cerca de taberna, a la que solía ir bastante. Klodé acostumbraba beber mucho, iba a la taberna y tomaba a la par del tabernero, quien era un señor, ya entrado en años, y con principios de cirrosis. Nunca se le conoció hombre alguno, solo aquel, solo aquel protagonista de la noche aquella, la noche en la que Klodé Bass desapareció. Ese 9 de Septiembre. No se le volvió a ver jamás. Nadie la quería, y ella no demostraba querer a nadie. Ni si quiera demostraba querer al hombre que la vio por última vez. Nunca se sabrá ciertamente que ocurrió en aquella habitación, lo que si se ha podido deducir es que el destino del protagonista de la escena, fue tan, o incluso más desafortunado que el de Klodé bass.
Y es que esa escena fue tan incierta, que ni siquiera se comenta de ella, se teme cualquier mención, especulación o indagación de lo ocurrido. La casa en la que ocurrió dicho evento, fue clausurada totalmente, y sólo los gatos poseen la valentía suficiente, para concurrirla. Solo se conocen pocos detalles de lo que sucedió en ese momento donde todos dormían plácidamente, y son precisamente esos detalles, los que motivan el siguiente texto que se encontró semanas después. Se cree que es a puno y letra de Klodé:
Es(z)
Veo al viejo corriendo tras la pelota de parqués. Al niño chiquito sentado en la banca. A la anciana, ansiando vejez. Al joven, queriendo madurez. A Mozart, jugando ajedrez. Al bebe, con tetero de jerez. A mí, respirando al revés. Parqués, vejez, madurez, ajedrez, jerez, revés. Juegas parqués, esperando la vejez, con mucha madurez, como en ajedrez, chupando jerez, tomando al revés. Vejez al revés igual madurez, parqués y ajedrez con mucho jerez.
Evidencia
Revoloteo de murciélago,
Huracán en archipiélago,
Reflujo fuerte en mis entrañas,
Siento en mí, un nido de arañas,
O Jesús, quítame el hielo,
De la sangre, también el desvelo,
Te miro y me desconcentro,
Tú lo único en mi corazón adentro,
Niebla densa que recorre mi realidad,
Sin estética, a pesar de la vanidad,
Jesús sin pensarlo, te moriste,
Y a mí, la duda me desviste.
La cama y el lote
Siempre estuve seguro que debajo de la cama de mis padres vivía un señor. La cama era una cama doble, cuya base rectangular consistía en un cajón de madera, que formaba un espacio vacío dentro de sí. Yo viví, hasta cuando tenía 13 años, en un apartamento ubicado en un “buen” barrio de mi ciudad, y lo encierro entre comillas, porque la cuestión de ser un buen o mal barrio es muy relativa, inclusive, yo odiaba mi “buen” barrio. Entonces nos trasteamos a una casa cerca al colegio donde yo estudiaba. La cama de mis padres siempre fue la misma, de hecho, al trastearnos, fue complicadísimo su traslado.
Yo amaba acostarme al lado de mis padres en su cama, pero de vez en cuando lo evitaba por la aversión que sentía hacia la base, en la que reposaba, plácidamente, el colchón. Mi mente era invadida por la posibilidad, de un sujeto que habitase la parte inferior e interior del aparato para dormir. Estaba empeñado en la idea de la existencia de un compartimiento de ingreso (Y obviamente de egreso), debajo de la cama. Pensaba y soñaba reiteradamente, en el sujeto saliendo campante por el lote del lado de mi lugar de habitación. Sin pensarlo, yo mismo, había construido, o más bien reconstruido, la vida paralela que se llevaba al interior de la cama de mis progenitores.
El señor antes mencionado, era alto y flaco, además, cuando salía de los aposentos de aquellos, subía a un Renault 4 color crema. Entre más joven se es, la sugestión por este tipo de situaciones es mayor , yo temía, y me indisponía brutalmente por la situación como tal, sin embargo desconocía las causas de la preocupación que ahora me agobia. Algún día, hace más o menos un mes, pasé por el lote contiguo al apartamento que previamente les conté, e inexplicablemente, vi salir, por un pasadizo secreto, a un señor alto y flaco. Vi también el Renault 4, y de repente noté con bastante precisión, que el señor era exactamente idéntico a mí: Alguien con las anteriores especificaciones, además calvo y de 40 años. Ocurrido este terrible episodio, corrí hacia mi casa y me recosté, para tranquilizarme, al lado de mis padres. Sobra decir que en su cama.
Una lágrima llena de ojos
La gota caía lentamente por la cara del perro, bípedo, inteligente, cuadrúpedo, inerte, vivo, alto, robusto, flaco, bajo, amoroso, descorazonado, reptil, viril. De repente, la gota dio reversa y volvió a ingresar en el ojo verde y brillante, ahora la gota caía de un ojo azulado, perteneciente a un anciano triste y desolado. El ojo se transformó, ahora era negro como el cielo soleado y húmedo como las tardes de verano. El ojo negro pertenecía a un bebé saliendo de su oficina.
Sin Título
Somnolencia que invade mi cuerpo bajito,
Pestilencia que ofrece mi inodoro bendito,
Papeles que caen a aquel recipiente,
A la iglesia asistencia creciente.
Portapapeles y otros engendros,
A ti de pronto, recuerdos eternos,
Desechos recuerdos aún viven qué,
Recuerdos desechos que aún viven re.
Ondeas tu bandera IMUSA,
En tu redondel, la foto porno de mi musa,
Basurero que contienes mi basura,
Presiona a David haber si se rasura.
Bes....
besar. (Del lat. basiāre). tr. Tocar u oprimir con un movimiento de labios, a impulso del amor o del deseo o en señal de amistad o reverencia.
Una simple opresión labial, un húmedo encuentro de cavidades bucales; una danza entre músculos hábiles, cuya textura permea, en muchas ocasiones, nuestras almas frágiles, sensibles al movimiento que se realiza al ritmo de latidos, latidos al compás de fusiles semiautomáticos, empapados por la sangre bombeada por aquel fragmento de cuerpo del tamaño del puño, pero de furia diastólica y sistólica, canónica y diabólica, latidos al compás de Belsebú y del cielo; Belsebú, en el momento en que los ojos miran poseídos por la pasión a sus colegas; cielo, cuando los ojos están poseídos por el amor a sus colegas, las lenguas danzan peligrosamente, se aferran a su semejante de una forma violenta, producen una calidez incomparable, es como si uno fuese su propia lengua abrasando honradamente el espíritu de la persona del frente, como si uno habitara cada partícula de saliva que entra, haciendo magia, a la boca del otro. Como será, que a pesar de esto, los besos se deberían dar en los ojos.
Teatro
Teatro la representación de nuestras almas incontinentes, aquel cosmos donde podemos revolotear libremente como mariposas amarillas o engendros sanguinarios, ser suicidas genocidas, amar, besar, odiar. Y de repente el soliloquio reclama a los opresores que nos han amarrado desde los inicios, liberamos el interno animal enfurecido para que los muerda, los despedace. Nos encojemos como fetos aun sin nacer, evitamos el saber, procuramos el querer, nos reproducimos y también morimos.
Vigilamos la exactitud para no permitirle actuar, aquella exactitud que nos corrobe, le abrimos la puerta a los colores y con gestos visualizamos olores, cantamos canciones y representamos invasiones. Creamos un personaje, un ser nuevo, le damos vida a aquel que no nace de vientre de mujer sino de pluma de escritor, somos el aire y a la vez los pulmones de un sujeto que no tuvo la desgracia de nacer en un mundo tan estricto, que por el contrario nace en el mundo de los besos sinceros, ficticios pero sin vicios, nace en el mundo del cuerpo, de la voz, del espíritu, nace en el mundo del teatro.
Y el público anonadado por la magia, lleno de ilusiones, de emociones. Mira fijamente como en las tablas las almas relinchan, relinchan como yeguas salvajes en un potrero gigante, relinchan como las golondrinas en un cielo azul oscuro, relinchan como humanos en escena por qué no hay mejor lugar para libertad del alma que las tablas, que el teatro.
Here
Henos aquí, llenos de soledad promiscua, de oscuridad luminosa, de destellos de sangre, de rosas marchitas que se quiebran al sentir el viento y se escaramuzan al ver el agua que nuca sintieron sobre sí. Cada instante es un motivo para ponerse de pie, para revivir el sentimiento reprimido que a veces nos produce nauseas, para revivir el deseo de volar, de sentir, de cambiar las supuestas leyes de la existencia, vemos el fuego incandescente de la noche y nos damos cuenta de cuan putrefactos somos, cuan indiferentes, triviales, allí en ese instante vomitamos todo el hedor que emanamos, y en ese momento, en esa precisa centésima de segundo aparece aquel deseo de la transformación, de la metamorfosis, de vivir otro mundo o quizás de volver el mundo un lugar utópico, aparece el deseo de vivir en lo onírico en lo lírico.
Pero aquella revolución que surge dentro de los seres, se duerme precipitadamente, se apaga y se va con los instantes más felices, y nosotros quedamos vacíos, sentados, impávidos viendo la telenovela de RCN o leyendo unas cuantas noticias estúpidas en el tiempo, o quizás viendo videos porno de las putas de las universidades, es como si nos sentásemos a observar la catástrofe, nos acoplamos a ella, en fin que podemos hacer, ¿cambiarla, acaso?, ¿escupirle?
La catástrofe es interna, es nuestra, es lo más propio que tenemos, es un remordimiento que nos congela el cerebro, solidifica el alma, somos parcos, algunos narcos, vemos barcos que navegan al Norte, saltamos al mar para subir a ellos, escapamos de la mano de Bush y los teletubies y nos sentamos a gusto en un helicóptero amarillo de la gobernación de Antioquia, o nos sentimos diferentes por querer al Che o pregonar ideales de izquierda, pero todo en vano, no hacemos nada, no construimos nada, remamos sin avanzar, y todo porque los deseos ,las luchas nos duran un instante, y después de ese instante nos deja de importar todo, compramos una hermosa botella de coca cola zero y nos disponemos a realizar un viaje a lo más profundo de Pablo Lazerna, Claudia Gurisati o “el man de la W”.
Culto al vacío
Que retumben las tamboras, el culto al vacío ha empezado con un estruendo plausible, inaudible. Que los muertos se alegren por estar muertos, que los vivos sufran por ser buenos y se mantengan por ser malos, que los perros aúllen en la oscuridad reveladora de bondad y callen en la puta luz virginal que se hace la idiota a cada instante, porque la luz oculta la maldad, la oscuridad no oculta ni se oculta, la oscuridad es negra, oscura, noche, arte, la oscuridad soy yo y el diablo con cachos, cola y tridente.
Al lomo de buseta
Inhóspito desierto, sombrío y taciturno,
Tu frío pavimento hierve en este mundo,
Mirándote insólitamente observo el cemento,
Y viendo la amplitud me siento jumento.
Cuantos seres caminando, tus arterias habitando,
Las almas se congregan como en un fino canto,
Los asesinos en vigilia mortal,
Y a la viejita atracada paro anal.
Un señor que vende frutas,
Tu corazón, la casa de las putas,
En la buseta mi único asiento,
Como en intestinos la caca cual viento.
De ti hago parte, yo transeúnte,
De mi haces parte, yo habitante,
Que escándalo el que ella hace,
Una alharaca, un niño nace.
Ejecutivos en oficinas,
Colegialas con sus vaginas,
Centro de la ciudad
Cumbre y fin de la humanidad.



